REVISTA REGRESIÓN N° 7

PUBBLICO FIERAMENTE E NICHILISTICAMENTE COMPLICE IL NUMERO 7 DEGLI AFFINI DI SANGUE DELLA “REVISTA REGRESIÓN”!

PER L’ESPANSIONE E L’ONDA DISTRUTTIVA -CRIMINALE E AMORALMENTE INDISCRIMINATA DEI PROGETTI ESTREMISTI EGOICI!

Contenido:

-Editorial. Por el Grupo Editorial

-Atassa: Lecciones de la Guerra Creek (1813-184). Traducido de Abe Cabrera

-Los seris, los eco-extremistas y el nahualismo. Por Hats Hax

-Selknam. Ceremonias secretas reservadas para los hombres. Tomado de Martín Gusinde

-El regreso del Guerrero. Traducido de Ramón Elani

-Cronología Maldita. Por el Grupo Archivístico Öme

-Para los “nihilistas pasivos del casos”. Por Xale

-Algunas reflexiones sobre el actuar del humano moderno desde una perspectiva eco-extremista. Por Ozomatli y Huehuecoyotl

-Reflexiones respecto a la libertad. Por Zúpay

-Guerra Oculta. Por Nechayevshchina

-Clan de Sangre. Por Orkelesh

-La Guerra de José Vigoa: Un breve discurso sobre el método eco-extremista. Traducido del blog de Atassa

-José VIgoa. Datos biográficos. Por Xale

-Asesinando a nuestro civilizado interno. Por Ghoul

-Números anteriores y donde encontrarlos

Editorial

“(…) ¡Hermano! Mi voz se ha debilitado y apenas puede oírme. Ya no es un grito de un guerrero, es el gemido de un niño. La perdí llorando por la desolación y las heridas de mi gente. Lo que vez esparcido a mi alrededor son las sepulturas de mis antepasados, y en los vientos se atraviesan estos viejos pinos, escuchamos los lamentos de sus espíritus fallecidos. Sus cenizas descansan aquí y nos hemos quedado para protegerlos.

¡Hermano! Nuestro corazón es una llaga.

(…) Mi gente está dispersa, ha desaparecido. Cuando grito, escucho mi voz perderse en las profundidades del bosque, pero ninguna voz me responde –todo a mi alrededor es silencio. Por eso mis palabras son pocas. No puedo decir nada más.”

“(…) Pronto se levantará un sol que ya no nos verá aquí y nuestro polvo y nuestros huesos se mezclarán con estas praderas. Como en una visión, veo morir la llama de las hogueras de nuestros grandes consejos y las cenizas emblanquecer y enfriarse. Ya no veo levantarse las espirales de humo por encima de nuestras tiendas. No escucho el cantico de las mujeres mientras preparan la comida. Los antílopes se han perdido; las tierras del búfalo están vacías. Solo el aullido del coyote se escucha ahora. La medicina del hombre blanco es más fuerte que la nuestra; su caballo de hierro corre ahora por los senderos del búfalo. Nos habla a través del “espíritu susurrante” (teléfono). Somos como pájaros con las alas rotas. Mi corazón está helado. Mis ojos se apagan.”

Es imposible sentir el dolor de los nativos al leer estas dos frases, la primera de un jefe Choctaw y la segunda de un jefe Sioux. Las dos se sitúan en la etapa del exterminio de los invasores contra los nativos americanos y como digo, es casi imposible contagiarnos del pesar que caía sobre ellos en ese momento, no solo como tribu, o como individuos, sino como parte esencial de un entorno con el que convivían desde el principio de sus tiempos.

El siguiente canto mexica potencializa lo antes dicho:

“Y todo esto lo vivimos.

Solamente una red llena de agujeros fue nuestra herencia.

Destechadas están las casas.

Gusanos pululan por las calles y las plazas.

El agua está enrojecida.

Los sesos están esparcidos por las paredes.

Con los escudos fue guarnecida.

Con los escudos fue protegida.

Pero jamás podrá proteger nuestra soledad.

Al amparo, a la protección de nuestro destino.

Se puso precio al anciano, al guerrero, al sabio.

Solamente una torta de musgo valía nuestro cuerpo.

Con las armas se sostiene nuestra soledad.

Con los escudos se resguarda.

Pero jamás podrá ser cimentada nuestra esencia.

El hombre canta, su canto es un lloro.

Su rostro mira a la tierra.

La boca es aplaudida por las manos.

Solo con el pulular del dolor.

Pero con los escudos fue resguardado.

Y jamás podrá ser sostenida su soledad.

Ahí va Cuautemokzin.

Ya se presenta ante la Malinche.

Lleva sus armas y sus insignias de guerra.

Ya las porta en el suelo.

Ya le expresa su aliento al Malinche.

Ya le entrega su nación, no tenemos futuro.

Hemos sido olvidados.

Ni con los escudos fue guarnecido.

Solo una red llena de agujeros es nuestra herencia.”

El Canto Iknocuicatl es uno de los últimos lamentos escritos por los poetas mexicas después de la caída de la Gran Tenochtitlan ante los españoles en el siglo XVI. Cuautemokzin, mejor conocido como “Cuahutémoc” fue el último tlatoani de la nación, y fue elegido por el consejo de ancianos para rendirse ante la Malinche y el Malinche, mejor conocidos como Malintzin (la indígena traidora) y Herman Cortez.

Es curiosa la historia que impera previo a este canto, pues la tradición oral narra que cuando Cuautemokzin se presentó ante Cortez, el tlatoani retó al español a un duelo a muerte uno a uno, ¡axcan kema, tehuatl, nehuatl!, como último recurso.

Esto porque en la cultura mexica se acostumbraba que los líderes de los bandos rivales pelearan para determinar el rumbo de la victoria. Cortez desde luego que no quiso pelear y ordenó a sus soldados que esposaran al tlatoani. Desde ese momento Cortez pasa a ser un personaje indigno para Cuautemokzin, por lo que este no le dirige ni la mirada siquiera. Ya en el calabozo, el líder mexica es sometido a una terrible tortura junto con uno de sus aliados, para que estos señalen donde hay más oro. En la tortura a ambos les queman los pies, el aliado de Cuautemokzin se queja y lo mira con semblante adolorido en señal de que les dijera ya a los españoles dónde estaba el oro, Cuautemokzin no hace ningún gesto, se mantiene estoico sin quejarse y le dice a su aliado torturado: –¿Acaso estoy en un lecho de flores?

Cuautemokzin pertenecía a una elite de guerreros a los cuales les habían enseñado desde pequeños a que pasara lo que pasara en la guerra, no debían de quejarse ni mostrar ninguna señal de debilidad ante lo demás. El guerrero goza de las victorias, se alegra de las muertes y de las heridas al enemigo, y enfrenta sus derrotas con valentía, sabe cuándo hay que detenerse y acepta su destino de muerte o de presidio. El destino o la elección que hemos tomado nosotros, los que enfrentamos a la civilización hoy, es el mismo.

Hasta ahora nos hemos alegrado de los heridos que hemos causado, nos regocijamos de las vidas que nos hemos llevado, conspiramos para ser más letales y más peligrosos, sonreímos con cada golpe que dan los clanes hermanos lejos de nuestros territorios, nos burlamos de los que nos buscan para enjaularnos o para matarnos. Pero en la vida del guerrero, llega el momento de llorar en soledad alguna pérdida, llega el dolor que aqueja el corazón, y a veces, quizás, es el dolor que engendra el odio, el que nos impulsa a hacer la Guerra.

De lo que yo estoy seguro es que, lucharemos como nuestros ancestros, así como lo hicieron los teochichimecas al arrojarse contra los españoles desde las alturas del Peñon de Nochixtlan, así como lo hicieron los mexicas al hacer correr a los invasores en la mal llamada “noche triste”, así como hicieron los salvajes Siuox que emboscaron a los europeos en Little Big Horne, y quizás, solo después, llegue nuestro inevitable final. Preparémonos…

No puedo terminar esta breve editorial de esta última Revista Regresión (*), sin las palabras de Halcón Negro jefe de los Sauks y Foxs:

“(…) El espíritu de nuestros padres habló para decirnos que solucionáramos nuestros errores o moriríamos. Hablamos todos ante la hoguera del consejo. El ambiente era cálido y agradable. Hicimos oír nuestros gritos de combate y desenterramos el hacha de guerra; nuestros cuchillos estaban listos y el corazón de Halcón Negro le creció en el pecho cuando condujo a sus guerreros a la batalla. Está satisfecho por haber cumplido su deber. Podrá ir feliz al mundo de los espíritus. Su padre lo encontrará allí y lo elogiará.”

Xale

(*) Así es, el ciclo de la Revista Regresión llegó a su fin, al ver crecer la tendencia, al ser partícipes de la expansión de ITS, y al ver que nuevos proyectos, tanto editoriales como ilegales se han consolidado, hemos decidido detener nuestra actividad en la revista, dejando que los inviernos corran para poder regresar en algún momento con una nueva entrega.

Lo dicho, dicho está.

¡Adelante con la GUERRA!

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